lunes, 24 de agosto de 2015

La noche esta fresca, el cielo estrellado y nublado sin rastro de la Luna. Perfecta ocasión para caminar acompañada.
Ha pasado un mes desde que la tormenta "Andrés" pasó por mi vida y se fue. No se si de verdad se marchó o anda oculto.
Alberto cambió turno de modo que podía estar más tiempo con el. Me sentía sumamente culpable por estar preguntándome internamente si Andrés volvería, después de unos cuantos días comprendí que aquello no podía seguir así. Puse todo mo empeño y en dos semanas Andrés pasaba menos por mi mente y podía disfrutar los buenos momentos con Alberto.
Me meto a la cama y me tapo pretendo dormir temprano.
Entre sueños y sueños aparece Alberto acariciando mi rostro y después una neblina tan espesa que termina convirtiéndolo en Andrés. No es una pesadilla del todo pero me abruma tanto que despierto. Suspiro. Tomó mi celular que esta en un buró al lado de mi cama y veo que son algo más de las dos de la madrugada. Resoplo mientras me paso una mano por la frente. Tengo que olvidar algo que no se como recordar. Justo cuando pretendo dejar el celular en el buró sin ruido alguno la pantalla se ilumina. Es Alberto.

-¿Si?- digo con una voz entrecortada.
-Lo siento no quería despertarte, sólo quería dejarte una llamada perdida.
-No pasa nada, estaba despierta y comprobé la hora- digo recostandome en la cabecera de la cama.
-¿Oye tienes algo? Hace dos o tres días que te noto pensativa y hoy me dijiste que dormirias temprano- me dice con cierto tono de preocupación.
-No tengo nada cariño, no te preocupes- quiero cambiar de tema- y como vas con el trabajo.
-Cansado no hemos terminado aún- bosteza y yo sonrió.
-Bien amor, te dejo quiero seguir durmiendo cuídate ¿si?
-Si amor me cuidaré descansa y sueña eternamente conmigo.
-Lo haré.
Un beso de despedida y una pulsación para finalizar la llamada.
Sin mucho éxito trató de dormir. Decidida a que Alberto es el presente y Andrés es una parte del pasado.

lunes, 10 de agosto de 2015

Despierto con un horrible dolor en mi cuello, no he dormido en buena postura y con el frío de la lluvia han causado el dolor. Anoche antes de dormir doble bien la chamarra de Andrés y la escondí, no quiero que nadie se entere de que el me ha traído a casa, les daría un no se que.
¿Porque?
Bueno porque Andrés es Andrés. Un chico con toda pinta de ser malo, un engreído, descarado y pícaro. Alguien muy guapo pero con quien definitivamente no saldrias ni en esta ni en otras vidas.
Uffff... me levanto y con movimientos circulares trató de desaparecer el dolor. Tomó mi teléfono y veo con son las 8:40, supongo que nadie se ha molestado en despertarme y todos se han ido ya. Bostezo y decido bajar a prepararme el desayuno. En diez minutos tengo picada dos manzanas y una rebanada de melón. Hace tiempo que no como mucho y no es que sea para adelgazar o algo, es que simplemente no tengo un apetito tan voraz. Tengo mucha pereza de ir al comedor así que me quedo en la cocina. Como despacio, sin una sola preocupación aparente. Entonces tocan el timbre.
-¿quien es?- digo nada más al llegar a la puerta.
-Busco a una señorita que el día de ayer se quedo con mi chamarra- apunta irónico. No abro, subo a mi habitación y sacó de su escondite a la chamarra, bajo sin prisa y abro la puerta, Andrés mira hacia otro lado  pero en cuanto me ve de reojo voltea esbozando una sonrisa- Hola- me dice de una forma que me hace recordar a Chris Pine en el diario de la princesa cuando el y la princesa pasan una velada juntos y despiertan abrazados.
-Hola, perdona pero ayer intente que volvieras y ni te diste cuenta que te hacía señas, parecía loca mientras te ibas.
Hace ese gesto característico de el, pone su lengua entre la encia y el labio interior, después ríe.
-Lo siento cielo, pero es bueno que la hayas conservado  y no la quemaras, ahora que tengo que devolverla...- dice mientras río y asimilo la situación... no se si se me nota que la cara se me cae... ¿se va? Pero... no... no creo- Tranquila, los cambios y despidos sólo serán a policías, no a los paramédicos- dice guiñando un ojo.
-Vaya... yo... lo siento... no pensé que ... te fueras tan rápido- pero no ha sido nada rápido ya casi se cumple un año de conocerlo.
-Bueno nena a mi también me da pena, a pesar de no conocer a nadie hice buenos amigos y me gustó estar acá, volveré de visita y espero que corra con suerte...- dice sonriendo.
-¿con suerte de que?
-Con suerte de ver tu carita- dice mientras se acerca a mi- No es seguro que yo me vaya, pero hay muchas posibilidades, en fin. Gracias por la chamarra.
-De nada- digo confusa, el se acerca para despedirse con un beso en la mejilla y comienza a marcharse, es increíble lo que me ha afectado la noticia de su "posible" cambio, si hace 7 meses hubiese estado en esta situación me sentiría contenta por no verlo más, pero las cosas han cambiado. Estoy a punto de cerrar la puerta cuando una bota se cuela impidiendo el cierre de esta. Abro y sin ningún momento de duda Andrés toma mi rostro y me besa. Se aparta y sonríe al ver mi confusión.
-Ya, ya se- alza las manos en señal de paz- tengo novio y lo quiero y tu eres un dolor de cabeza- dice tratando de hacer una voz femenina, luego rie- por si no nos volvemos a ver, recuerda este beso y si quieres presumelo- sin duda es altanero- tu también eres un dolor de cabeza- me revuelve el pelo y esta vez si si va, esta vez si cierro la puerta.
Será una pena si se va, conociendolo es muy distinto aunque se chulería sale a flote y no lo digo porque empiece a enamorarme de el, es que simplemente se ha ganado un poco de respeto de mi parte.

lunes, 3 de agosto de 2015

Estaba tan harta, cansada y confundida por todo. No he visto desde hace una semana a Alberto y mucho menos a Andrés. Camino sin un rumbo fijo por más de un kilómetro. De ratos corro o troto, tal vez el ejercicio me despeje un poco. Cuando llegó al deportivo comienzo a caminar sobre la pista de atletismo. No tengo ni idea de cuantas vueltas doy y sólo paro hasta que me siento agotada. Me siento en el pasto verde y respiro. Quisiera tomar agua pero no he traído nada de dinero. Escucho un trueno. ¡Diablos! Comenzará a llover dentro de poco, muchas de las personas comienzan a recoger sus cosas y a cambiarse a toda prisa para irse a su casa. Con desgana me levanto. Este día no va bien, sin dinero y sin una sudadera con la que taparse. Tendré que caminar y para cuando halla llegado a casa estaré muy empapada. Justo al salir del deportivo la lluvia llega. Demasido dura y fría, tanto así que cuando terminó de cruzar la avenida estoy más que empapada. Me quitó el agua de mi cara y me dispongo a correr hasta la otra esquina. Cuando llegó ahí ya se ha formado un gran charco de agua tanto en la avenida como en la calle que conecta con esta. Decido saltar para pisar lo menos posible en el charco, pero justo antes un auto con demasiada velocidad hace salpicar el agua y me moja más la espalda. Cruzó finalmente y el auto que me ha mojado se ha detenido, justo cuando pasó Andrés me dice:
-Perdóname, supongo que después del ejercicio querías refrescarte.
Pero no le hago caso. Sigo derecho sin mirarlo. No se rinde conduce despacio casi a mi ritmo.
-Oye sube o terminarás resfriada-sonríe descaradamente.
-No pienso subir... mil veces enferma que compartiendo auto-  le espetó.
-Bueno la otra vez compartiste  auto conmigo- Dice entre risas- ¿subes? Mira que si no busco a otra chica a la salvar- Dice con voz fingidamente apenada.
-Haz lo que quieras, por mi casate.
Es entonces cuando el agua golpea con más fuerza. Jamás llegaré a casa así, me enfada esto pero sin pararme ni un segundo subo a la patrulla.
-Espera... espera- Dice poniendo su chaqueta sobre mis hombros, esta vez no me rehusó necesito un poco de calor- ay nena- aparta los mechones mojados de mi rostro- vamos te dejo en casa.
Y conduce lento. No se si por la lluvia o por querer desesperarme. No me mira sólo se centra en el camino. Decido ponerme bien su chaqueta metiendo mis brazos en las mangas. El sonríe ante eso. El trayecto normal de quince minutos se vuelve de cuarenta y cinco. Se detiene en la entrada de mi casa.
-Gracias- digo muy despacito.
-Cuando gustes nena- acaricia mi mejilla y en un impulso salgo del auto no sin antes escuchar como ríe. Saco las llaves del bolso de mi pantalón y abro la casa. Aún sigue ahí y justo cuando empiezo a cerrar la puerta, arranca. Me percató que su chaqueta del uniforme la traigo puesta y abro la puerta pero el ya de ha ido. Intento que me vea haciendo señas con los brazos, pero nada. El sigue. Finalmente entró a casa y subo a mi habitación. Me siento en el borde de la cama y sin querer huelo su chaqueta. Buen perfume. Un perfume con un recuerdo amargo y una culpabilidad nada dulce.

viernes, 31 de julio de 2015

Estoy echa un desastre. Desde ayer no paro de estar ausente, doy vueltas al maldito beso. ¿¡Como es posible que ayer Andrés me haya besado!? Es algo imperdonable, se mire por donde se mire.
Tomó mi café que esta bastante frío. Hace un rato todos se han ido. Mis padres a trabajar y mis hermanos a lo último del curso. Yo estoy "disfrutando" de unas vacaciones.
Me inquieta demasiado no tener noticias de Alberto, no se si Martha ya le haya dicho lo que vio o esta esperando a que la agonía se alargue.
Estoy por desesperarme cuando tocan la puerta de mi casa.
-¿quién?- pregunto con desgana.
-Soy yo amor ¿me abres?
Las piernas me tiemblan al igual que mis labios, no se si abrir o inventar una estúpida excusa. Estoy pasandola mal. Muy mal.
Finalmente decido abrir.
-¡No te quiero volver a ver!- le gritó entrecortadamente, no puedo permitir que me vea llorar. Si ya lo odiaba ahora tengo muchísimas más razones para odiarlo. Pero no se rinde ante mi grito desconsolado lleno de rabia. Toma mi rostro entre sus manos y me empuja hacia atrás con el fin de entrar, cierra la puerta sin perder de vista mis ojos.
-No sabes lo que extrañaba escuchar tu melodiosa voz, nena- dice sarcasticamente. Evitó mirarlo a los ojos- extrañaba verte y probar tus labios- dice ya más cerca de mi. No puedo evitarlo, sin otro remedio aparente le doy una bofetada.
-Te equivocas- le digo poniéndome chula y engreída- te equivocas siendo cabron conmigo. Estas siendo cabron con la chica equivocada. Mira si en algún lugar alguna chica de cabeza hueca se perdió y desvivio por ti, no pienses que todas somos iguales ¿vale? Me importa demasiado Alberto como para dejarlo por ti, es más lo quiero, cosa que dudo sentir por ti, no se como te atreviste a besarme, pero si el fin de eso es que el y yo terminemos definitivamente no lo lograrás ¿me escuchas?.
Debido a que la piel de Andrés es un poco Blanca se le ha puesto rojo la mejilla derecha donde le puse la bofetada. El pone sus manos en la cintura y me mira de arriba a abajo, hace una mueca poniendo la lengua entre la parte interior del labio inferior y la encia del lado izquierdo. Se detiene fijamente en mis ojos y suelta una risa pícara, se da media vuelta pero no para marcharse, decide sentarse en un Banco viejo de madera. Apoya sus codos en sus rodillas y se frota la cara.
-Veo que la perspectiva que tienes de mi es que soy un cabron ¿no?- asiento con la cabeza cruzandome de brazos- bien, pues Alberto quien dice quererte se ha portado más cabron que yo y lo quieres, sencillamente no entiendo porque no te deberías enamorar de mi.
-Es fácil, sencillo. Si con Alberto he sufrido imagínate lo que pasaría contigo, tu eres un ojo alegre... eres una persona que me desespera...
-¿Y temes enamorarte de mi?
-No- respondo rotunda- no quiero complicar mi vida. Eso es todo.
Andrés se acaricia la barba de unos días y suspira.
-No me vale tu respuesta. Las cosas pasan por algo...
-Exacto... pasan por algo, pero tú las provocas.
-A veces no esta mal darle una ayudadita al destino, pero en fin- dice poniéndose de pie. Acercándose a mi. Lo tengo frente a mi-perdón, si es lo que quieres escuchar, perdón, pero no pienso darte la razón, esa relación no va a ninguna parte, los dos no se necesitan ni se aman. Es una pena.
Toma mis manos y sin que me lo espere me abraza pero no deja libres mis brazos. A pesar de que el sea delgado y no me lleve ni 10 cm de estatura no puedo moverme.
-Sueltame, dejame-digo tratando de forcejear con tal de librarme.
-Soy el amor de tu vida, nena y no sabes como me molesta eso- dice aparentando verdad. Sonríe como quien hubiera confesado una travesura tierna y me besa. No forzado, no engreído un beso dulce que no dura ni 10 segundos. Cuando se separa de mi mantiene esa sonrisa. Si esa sonrisa hubiese sido su carta de presentación tal vez no lo odiaria, pensaría que es otra persona, alguien del que me enamoraria perdidamente. Alguien dulce que no me costaría decir por mi orgullo lo guapísimo que es. Pero el Es un chulo. Un idiota, alguien a quien no puedo ni quiero besar. Simplemente el Es una estúpida apuesta que se pierde. Un dolor de cabeza. Alguien a quien odio y no puedo querer.

miércoles, 22 de julio de 2015

Estoy sentada en una banca frente a la presidencia municipal. He despertado temprano, Alberto me dijo que a Andrés y los demás policías que cambiaron de turno tomarían un descanso de una hora a partir de las 7:00 am para poder retomar el turno.
A pesar de ser verano, la mañana es muy fresca. Toda la noche ha llovido, así que la temperatura descendió un poco. Exactamente la temperatura es de siete grados centígrados, hay niebla aunque no este muy abajo.
Mi cabello largo y decolorado esta más lacio que de costumbre y eso que no lo he planchado, un poco despeinado oculto bajo un gorro que mantiene calientita mi cabeza. Llevo mis botas favoritas, unos jeans y un suéter que parece demasiado delgado aunque en realidad sea muy calientito.
Suena el reloj, sus campanadas anuncian que son las siete.
Salen varios policías y yo espero ver a Andrés. Cuando aparece lo miro fijamente, el sonríe y camina lento desbordando su chulería.
Llega hasta mi y sin pedir permiso se sienta, prácticamente me rodea con un brazo pero sin tocarme.
-Nena, si haz venido a buscarlo, pierdes tiempo, cambio de turno y ya se ha ido a casa, aunque claro estoy yo aquí- se desabrocha la chamarra y trata de ponerla sobre mis hombros. Yo me la quitó y se la entregó de nuevo- tapate o te enfermaras.
-No, ya basta de esto.
-¿de que?- pregunta girandose hacia mi.
-Me dijiste que no dirías nada de las rosas, ayer Alberto me llamó, me dijo que le contaste sobre ese regalo ¿que pretendes?- digo mientras giró mi cabeza para mirarlo, suspira, se recuesta en una esquina del banco y ríe.
-¿Tanto te preocupa? Mira nena ese tipo no es para ti, tu...
-¿Y tu si lo eres para mi?- digo molesta, el se encoge de hombros.
-Podríamos probar...
-Eres un idiota, Alberto significa mucho para mi y llegas tu y...
-¿y te enamoro?
-No, llegas y pones al revés todo, complicas todo... eres un maldito dolor de cabeza.
-Pero soy el dolor de cabeza que más te gusta ¿no?
-No seas- y sin que lo espere me besa, tomando mi cara entre sus manos.
-Trata de explicarle esto-susurra muy cerca de mi. Se levanta y me da un beso en la mejilla.
Yo estoy en shock, Martha me ve con un rostro sorprendido, ha visto todo y se que hablará con el, con Alberto. Sólo soy capaz de marcharme maldiciendo la decisión de verlo y de tratar de hablar con el.

lunes, 20 de julio de 2015

-Hola... perdona por llamar tan tarde... pero hay cambio de turno y...
-¿Y?- digo aún dormida, Alberto ha marcado siendo las dos de la madrugada- ¿te cambian?- digo más despierta.
-Si- suspira- No me iré pero...
-¿Pero que?
-No te podré ver... el turno es de 12 horas por 12 horas, hasta que se consiga quitar a los paramédicos nuevos, en cuanto a seguridad hay un revoltijo unos para un turno y unos para otro... por si... bueno esta así.

No se si la última información va con alguna intención de molestarme, pero trató de tomarlo con tranquilidad, Alberto me explica que el cambio sólo durará para ellos un mes, que se pasará rápido y tal.

-¿No se han secado las rosas?-dice tratando de contener el enojo.
-¿Rosas? ¿Que rosas...?- mi voz se apaga en cuanto se de que rosas habla.
Jamás las puse en un florero y las lleve a mi habitacion. Llegando a mi casa lo que hice fue tirarlas y olvidarme de ello, me dio un poco de pena, pero jure que no volvería a aceptar otro regalo de Andrés.
-Fue interesante enterarme de ello, miraba una foto en donde estábamos los dos, hace meses. De repente el llegó y suspiro, ya sabes mostrando su chulería y me dijo "jamás lograrás hacerla feliz" lo mire y tenía unas ganas de golpearlo pero el continuo "eres demasiado predecible, ella necesita a alguien que la sorprenda que desordene su vida, que la haga enojar y reír al mismo tiempo, así de fácil" traté de calmar todo y le dije "claro que bien la conoces" pero el sonrió y me dijo "si por eso hoy le regale unas preciosas rosas, seguro que la hizo reír y enojar, la tome desprevenida, te olvidas de ella" perdoname no me contuve y le Di un puñetazo...
-¿que hiciste... que?-digo atónita- no puedes meterte en problemas así por que si.
-¿Y el puede hacer lo que quiera?
-Ni siquiera conserve las rosas, están botadas en la basura.
-Ese tipo esta metiéndose en donde no lo llaman...
-El es así, lo sabes.
-No se como terminará esto y yo te juro que...
-Mañana hablaré con él- lo interrumpo- no lo quiero y no puede hacernos más daño, si ... queremos un oportunidad... debemos hacer todo lo posible para que se haga realidad... como antes.
-Esta bien... cariño descansa-dice aún cortante.
-Descansa.

Me levantó de la cama y camino nerviosa, el prometió que a nadie le diría lo de las rosas pero veo que no es así, tal vez el vio en mi mirada el miedo que eso suponía, que Alberto se enterara y esto se viniera abajo, no hay otro remedio, tengo que dejar las cosas claras con el.

martes, 30 de junio de 2015

Hace una semana que no se nada de Alberto. Ni llamadas, ni mensajes. absolutamente nada.

-Fue un impulso, ya te dije que lo siento- dice tratando de no perder la postura.
-Si y yo te he dicho que no pasa nada con Andrés, por mi cree lo que quieras.
-No tienes nada con el pero te viene a dejar a casa y encima casi te besa.
-Si hubiese querido me habría dejado besar ¿no crees?
-Creo que debemos pensar en esto... y - me mira no sabe que decir.
-Lo de antes ha sido un impulso, aunque hay que pensar que pasa entre nosotros dos, esto no va nada bien.

Alberto mira hacia el cielo un tanto resignado, baja su mirada y acerca el columpio en el que estoy sentada al suyo.
-No debí irme y dejarte- dice mirándome a los ojos, sus bonitos ojos marrones- te dejé aquí y era muy probable que empezaras algo nuevo, pero no, parecias esperarme y me reconforto tanto eso. Ahora parece que esto se esfuma.
-Deberíamos calmarnos y pensar esto ¿vale?-suspira algo más tranquilo y resignado.


Esa conversación en cierto punto dejaba ver el posible rumbo de nuestra relación.
Camino por el centro, se que no veré a Alberto el después de ese día pidio más trabajo.
-¡Oye! Espera .
De reojo veo a Andrés aun que no se si me habla a mi. Camino rápido pero el me alcanza y me frena tomándome del brazo.
-¿Que pasa?- le sigo con tranquilidad.
-El día que fui a dejarte a casa, fue Alberto ¿verdad?-dice tratando de ser discreto .
-¿Y eso? ¿Porque quieres saber si fue o no?- digo mirándolo a los ojos, el no esquiva mi mirada, sólo sonríe.
-Simple curiosidad- me susurra al oído.
-¡Ah bueno!- digo un poco nerviosa por su acercamiento- si si fue.
En ese momento una señora pasa detrás de mi cargada de varios Ramos de rosas. Andrés se va para colocarse frente a ella y supongo que yo debería irme, las rosas han de ser para sus mil amoríos, una rosa para cada chica que consiga conquistar. Pasó a un lado de ellos, dispuesta a seguir con mi camino, pero justo en la esquina vuelve a detenerme. Sostiene en sus brazos un ramo de rosas muy peculiar, en el centro hay rosas azules y en los alrededores rosas rojas.
-Eres muy impaciente.
-Tal vez, pero no supe ni que hacia aquí así que ... me decidí ir.
-Bien, toma esto es para ti-dice mientras me da el ramo de rosas- No tardes en llegar a casa ponles agua y cuidalas.
-¿Porque me regalas rosas?-digo un poco a la defensiva.
-Son bonitas y supongo que tu novio no te regaló rosas para disculparse-dice sarcasticamente- aun que gracias a él de que tu color favorito es el azul, aunque ya tu sabrás el significado.
-No debías molestarte... yo no ... esto ... sí Alberto se entera....
Pero entonces el me jala cuadra abajo.
-No había nadie que conociera a Alberto, tranquila- dice un tanto molesto- Yo no le diré nada, Ahora ve a casa ¿vale?.
-Esta bien-digo no del todo contenta.
Pero entonces Andrés toma mi rostro y temo que llegue a besarme.
-Adiós-susurra cerca de mi y me da un prolongado beso en la mejilla, se aleja con su chulería y yo quisiera tirar estas rosas que se que traerán problemas entre Alberto y yo.