Estoy sentada en una banca frente a la presidencia municipal. He despertado temprano, Alberto me dijo que a Andrés y los demás policías que cambiaron de turno tomarían un descanso de una hora a partir de las 7:00 am para poder retomar el turno.
A pesar de ser verano, la mañana es muy fresca. Toda la noche ha llovido, así que la temperatura descendió un poco. Exactamente la temperatura es de siete grados centígrados, hay niebla aunque no este muy abajo.
Mi cabello largo y decolorado esta más lacio que de costumbre y eso que no lo he planchado, un poco despeinado oculto bajo un gorro que mantiene calientita mi cabeza. Llevo mis botas favoritas, unos jeans y un suéter que parece demasiado delgado aunque en realidad sea muy calientito.
Suena el reloj, sus campanadas anuncian que son las siete.
Salen varios policías y yo espero ver a Andrés. Cuando aparece lo miro fijamente, el sonríe y camina lento desbordando su chulería.
Llega hasta mi y sin pedir permiso se sienta, prácticamente me rodea con un brazo pero sin tocarme.
-Nena, si haz venido a buscarlo, pierdes tiempo, cambio de turno y ya se ha ido a casa, aunque claro estoy yo aquí- se desabrocha la chamarra y trata de ponerla sobre mis hombros. Yo me la quitó y se la entregó de nuevo- tapate o te enfermaras.
-No, ya basta de esto.
-¿de que?- pregunta girandose hacia mi.
-Me dijiste que no dirías nada de las rosas, ayer Alberto me llamó, me dijo que le contaste sobre ese regalo ¿que pretendes?- digo mientras giró mi cabeza para mirarlo, suspira, se recuesta en una esquina del banco y ríe.
-¿Tanto te preocupa? Mira nena ese tipo no es para ti, tu...
-¿Y tu si lo eres para mi?- digo molesta, el se encoge de hombros.
-Podríamos probar...
-Eres un idiota, Alberto significa mucho para mi y llegas tu y...
-¿y te enamoro?
-No, llegas y pones al revés todo, complicas todo... eres un maldito dolor de cabeza.
-Pero soy el dolor de cabeza que más te gusta ¿no?
-No seas- y sin que lo espere me besa, tomando mi cara entre sus manos.
-Trata de explicarle esto-susurra muy cerca de mi. Se levanta y me da un beso en la mejilla.
Yo estoy en shock, Martha me ve con un rostro sorprendido, ha visto todo y se que hablará con el, con Alberto. Sólo soy capaz de marcharme maldiciendo la decisión de verlo y de tratar de hablar con el.
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