Hay emociones que surgen repentinamente y otras que simplemente estaban guardadas y han salido para despistarte.
No lo supe hasta hoy, o tal vez si pero traté de converserme a mi misma de que era costumbre. Como si la costumbre te hiciera suspirar.
-¡Hey! Deja Deja de pensar en mi- Alberto me distrae de mis pensamientos ofreciendome una taza de café frío.
-Perdona, pero debo de pensar en ti- pero no lo miro a los ojos me centro en la taza y le doy un sorbo que hace que mi cerebro pida piedad, esta muy frío.
-Es algo mutuo, y pensar que hace unas semanas estábamos por dejar todo- sonrió con amargura.
Es verdad pensábamos en dejarlo todo, pero después de mucho, mi tediosa actitud lo extrañaba. Cada vez que nos veíamos (obviamente un poco más seguido gracias al destino) era como tener muy cerca de ti lo que más deseas pero sabiendo que no es tuyo completamente. Varias veces venía a dejar flores a mi casa y varias veces iba a verlo a las oficinas. Ahí me tocaba ver a Andrés que de cierto modo me ayudó a canalizar mis emociones. Me enfadaba muchísimo su actitud, pero luego de un tiempo esperando me reía, porque recapitulaba lo tonto que se comportaba, cuando llegaba Alberto de una u otra forma ya está relajada y era más fácil hablar. Tiene casi un mes que no veo a Andrés y no es que me inquiete pero me da curiosidad saber que ha sido de el, aunque jamás se lo preguntaría a Alberto.
-Ya me voy, tengo que hacer guardia- me dice al oído después me da un beso en la sien.
-Cuidate-le digo sintiendo un poco de culpa.
-Claro- y se despide de una sonrisa.
Tarde o temprano el sabrá y se dará cuenta, que hay niveles de curiosidad que tocan una línea muy peligrosa y que no se como explicarle lo que ahora pasa.
viernes, 29 de mayo de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
Si me dieran una bola de cristal con la que pudiera ver mi futuro, terminaría volviendome loca y no por lo que vería, más bien porqué batallaria por no verla, aunque mi curiosidad fuera grande. Suspiro sentada en la mesa de mi comedor, cerrando mi libreta, esta vez con menos tarea, casi nula. Mi cabeza cae encima de mis libros regados, tengo un infinito sueño, queriendo dormir y no. Otro suspiro. Sin querer recuerdo todo lo que me ha pasado en 8 meses y creo estar hablando de otra persona o que incluso ha pasado muchísimo más tiempo del que parece. Suspiró sin motivo alguno. An que parezca anticuado tengo la radio encendida, escuchando temas un poco viejos. Tarareo "deseos de cosas imposibles" de la Oreja de Van Gogh cuando su vocalista era Amaia.
-Un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver, reduciendo estas palabras a un trozo de papel...-cantó en voz alta.
Mi celular vibra y yo levantó un poco la cabeza, mis manos lo alcanzan y desbloquear.
"No se cuales son las razones, por eso debemos hablar, te veo en una hora en el centro"
-¿Por qué yo?- digo arrastrando mis palabras.
Hace una semana y media que todo se acabó, aunque no se muy bien porque, fue más bien un arrebato o algo muy parecido a un impulso. Le dije a Alberto que ya no veía tan seguro continuar y sin dejar que el dijera nada más, me fui de ahí. No quería verlo y seguí con la mirada hacia el frente aunque pérdida, no podía ni tenía derecho a llorar, la decisión había sido mía. Durante toda la semana se paso por mi casa, pero no quise hablar, inventaba cualquier excusa y muy bien sabía que no me creía el no insistía. Hasta hoy. El siempre quiso la verdad y ahora se ha agotado un poco la paciencia en cierto modo, lo entiendo.
"Vale, te veo en una hora"
Recojo poco a poco mis libros, es hora tengo que afrontar esto.
-Un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver, reduciendo estas palabras a un trozo de papel...-cantó en voz alta.
Mi celular vibra y yo levantó un poco la cabeza, mis manos lo alcanzan y desbloquear.
"No se cuales son las razones, por eso debemos hablar, te veo en una hora en el centro"
-¿Por qué yo?- digo arrastrando mis palabras.
Hace una semana y media que todo se acabó, aunque no se muy bien porque, fue más bien un arrebato o algo muy parecido a un impulso. Le dije a Alberto que ya no veía tan seguro continuar y sin dejar que el dijera nada más, me fui de ahí. No quería verlo y seguí con la mirada hacia el frente aunque pérdida, no podía ni tenía derecho a llorar, la decisión había sido mía. Durante toda la semana se paso por mi casa, pero no quise hablar, inventaba cualquier excusa y muy bien sabía que no me creía el no insistía. Hasta hoy. El siempre quiso la verdad y ahora se ha agotado un poco la paciencia en cierto modo, lo entiendo.
"Vale, te veo en una hora"
Recojo poco a poco mis libros, es hora tengo que afrontar esto.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Te refugias pero no con esa intención, es decir sabes que no lo encontrarás porque ya fue suficiente de tantos encuentros casuales que ni al caso. Pero no. El destino te acostumbra a no verlo unas dos o tres semanas y cuando crees que fluye el aparece y eso es muy incómodo.
-Buenas tardes, vengo a realizar un pago- digo sin tantas ganas.
-Buenas tardes ¿que pago?- me dice con un poco de cansancio.
-Ah... pago de agua- digo acomodando los baucher que antes me han dado.
-Oye ya quedó, espero y me des un buen dinero- dice alguien a mi espalda, lo escucho acercarse, se coloca a mi lado y de reojo veo que voltea y me pone una extraña atención- Buenas tardes- dice sin dejar de mi mirarme.
-Buenas tardes- digo muy bajo, esta resultandome incómodo que no deje de mirarme y que este tan cerca de mi, prácticamente nuestros codos rozan, así que decido pegar un poco más a mi cuerpo mis codos.
-Bien aquí está, regresa y que te sellen y eso sería todo- me entrega los bauchers- Oye quítate no la dejas acomodar los papeles- le dice a Andrés, este sólo se medio mueve y ríe sin dejar de mirarme.
Salgo como puedo muy sonrojada y no de vergüenza, más bien de coraje. Me sellan los bauchers y bajo los escaleras, en cuanto piso la banqueta de la calle, me siento aliviada, huyó hacia mi casa. No debería estar ahí. No es su área de trabajo y ¿porque apareció en el momento en que yo estaba ahi? Ah, ahora da lo mismo ha pasado y no quiero que vuelva a pasar.
-Buenas tardes, vengo a realizar un pago- digo sin tantas ganas.
-Buenas tardes ¿que pago?- me dice con un poco de cansancio.
-Ah... pago de agua- digo acomodando los baucher que antes me han dado.
-Oye ya quedó, espero y me des un buen dinero- dice alguien a mi espalda, lo escucho acercarse, se coloca a mi lado y de reojo veo que voltea y me pone una extraña atención- Buenas tardes- dice sin dejar de mi mirarme.
-Buenas tardes- digo muy bajo, esta resultandome incómodo que no deje de mirarme y que este tan cerca de mi, prácticamente nuestros codos rozan, así que decido pegar un poco más a mi cuerpo mis codos.
-Bien aquí está, regresa y que te sellen y eso sería todo- me entrega los bauchers- Oye quítate no la dejas acomodar los papeles- le dice a Andrés, este sólo se medio mueve y ríe sin dejar de mirarme.
Salgo como puedo muy sonrojada y no de vergüenza, más bien de coraje. Me sellan los bauchers y bajo los escaleras, en cuanto piso la banqueta de la calle, me siento aliviada, huyó hacia mi casa. No debería estar ahí. No es su área de trabajo y ¿porque apareció en el momento en que yo estaba ahi? Ah, ahora da lo mismo ha pasado y no quiero que vuelva a pasar.
lunes, 4 de mayo de 2015
Las épocas de exámenes matan y más si la tarea esta a la orden del día.
Subo las escaleras pausadamente mientras secó con una toalla naranja mi cabello mojado. Son la 1 casi 2 de la mañana y apenas voy a dormir. Bostezo y camino en dirección hacia el escritorio. Desbloqueo con pereza la lap-top y mando a imprimir las 25 hojas totales de mi trabajo. Las recojo y comienzo a cerrar pestañas y a desconectar el equipo, acomodo las hojas en un folder un poco satisfecha de que haya terminado. Un ruido hace que gire mi cabeza hacia la ventana que da a la calle, sólo para verificar que no me he equivocado y así es. Una ambulancia viene saltando topes y es conducida con una demencia, por lo que supongo hay una emergencia. Suspiro, Alberto no conduce esa ambulancia, no desde hace cuatro meses y eso me hace sentir un poco nostálgica. Al cabo de unos segundos suena otra sirena pero esta vez se trata de una patrulla, lleva el foco de adentro prendido y antes de que vea de quien se trata, se que es el. En todo el camino que quieras y veas a una patrulla siendo conducida de esa manera, sabes que se trata de Andrés. Y claro que es el lo llegó a ver.
"No vayas tan rápido, ten cuidado o te accidentarás" digo en mi mente. Dejó de acomodar mis cosas y en voz más digo:
-¿Que?
Y es que no doy crédito a lo que acaba de decir mi subconsciente, ¿que se cuide? A que diablos le juego, es decir no esperas que nada malo le pase a alguien, pero no tengo que preocuparme por el. Cierro la mochila de mala gana y regañandome a mi misma lo incoherente que se ha salido.
Subo las escaleras pausadamente mientras secó con una toalla naranja mi cabello mojado. Son la 1 casi 2 de la mañana y apenas voy a dormir. Bostezo y camino en dirección hacia el escritorio. Desbloqueo con pereza la lap-top y mando a imprimir las 25 hojas totales de mi trabajo. Las recojo y comienzo a cerrar pestañas y a desconectar el equipo, acomodo las hojas en un folder un poco satisfecha de que haya terminado. Un ruido hace que gire mi cabeza hacia la ventana que da a la calle, sólo para verificar que no me he equivocado y así es. Una ambulancia viene saltando topes y es conducida con una demencia, por lo que supongo hay una emergencia. Suspiro, Alberto no conduce esa ambulancia, no desde hace cuatro meses y eso me hace sentir un poco nostálgica. Al cabo de unos segundos suena otra sirena pero esta vez se trata de una patrulla, lleva el foco de adentro prendido y antes de que vea de quien se trata, se que es el. En todo el camino que quieras y veas a una patrulla siendo conducida de esa manera, sabes que se trata de Andrés. Y claro que es el lo llegó a ver.
"No vayas tan rápido, ten cuidado o te accidentarás" digo en mi mente. Dejó de acomodar mis cosas y en voz más digo:
-¿Que?
Y es que no doy crédito a lo que acaba de decir mi subconsciente, ¿que se cuide? A que diablos le juego, es decir no esperas que nada malo le pase a alguien, pero no tengo que preocuparme por el. Cierro la mochila de mala gana y regañandome a mi misma lo incoherente que se ha salido.
domingo, 3 de mayo de 2015
-Te meteras en problemas- digo mirándolo a la cara, hablando casi como un susurro.
-No creo, salí a comer- me dice guiñandome un ojo - es reconfortante estar aquí, otra vez- deja a un lado su cubierto y me toma de la mano- el sábado estaba nervioso, pensé que te vería el viernes pero no pasaste por el centro, entonces me invitaron a jugar, pedí permiso y supe irremediablemente que te vería, jamás faltas a un partido- me sonríe tan tiernamente.
-Yo... no esperaba verte, han pasado 5, 6 casi... meses y creí que te habían asignado otra área... no sabía nada.
Alberto es paramedico, algo que por lo que me contó siempre le había apasionado. Con tan sólo 22 años ya había encontrado un buen trabajo, llevaba cerca de un año aquí en el municipio como parte de la brigada de protección Civil y obviamente atendía Emergencias. Recuerdo que hace un año cuando apenas comenzaba, se hizo cargo de la lesión de uno de mis hermanos. Tenía una gran voz de mando y movilizó a quien fue necesario para atender lo más rápido a mi hermano. Por ese entonces aún no salíamos, pero varias veces fui a verlo para darle las gracias, el me sonría y repetía constantemente que no hacía falta tanta gratitud. A los 2 meses de aquello comenzamos a salir. Cada vez que le tocaba estar en turno para Deportes, me sonreía y decía "tranquila atendere rápidamente a cualquiera, no quiero que te quedes sin equipo" yo sonreía y lo miraba a los ojos. Después de tres meses rompimos, nos costaba mucho verlos y sólo responder con un simple "hola", así que después de casi un mes separados, quisimos volver, pero el se fue. Fue asignado a otra área por un tiempo indefinido, ninguno quiso mantener una relación así y al cabo de un tiempo me acostumbre. Hoy en día parece que las piezas se acomodan, decidimos empezar otra vez, esperando que ningún improviso nos separe, porque no sabemos que pueda pasar.
-No creo, salí a comer- me dice guiñandome un ojo - es reconfortante estar aquí, otra vez- deja a un lado su cubierto y me toma de la mano- el sábado estaba nervioso, pensé que te vería el viernes pero no pasaste por el centro, entonces me invitaron a jugar, pedí permiso y supe irremediablemente que te vería, jamás faltas a un partido- me sonríe tan tiernamente.
-Yo... no esperaba verte, han pasado 5, 6 casi... meses y creí que te habían asignado otra área... no sabía nada.
Alberto es paramedico, algo que por lo que me contó siempre le había apasionado. Con tan sólo 22 años ya había encontrado un buen trabajo, llevaba cerca de un año aquí en el municipio como parte de la brigada de protección Civil y obviamente atendía Emergencias. Recuerdo que hace un año cuando apenas comenzaba, se hizo cargo de la lesión de uno de mis hermanos. Tenía una gran voz de mando y movilizó a quien fue necesario para atender lo más rápido a mi hermano. Por ese entonces aún no salíamos, pero varias veces fui a verlo para darle las gracias, el me sonría y repetía constantemente que no hacía falta tanta gratitud. A los 2 meses de aquello comenzamos a salir. Cada vez que le tocaba estar en turno para Deportes, me sonreía y decía "tranquila atendere rápidamente a cualquiera, no quiero que te quedes sin equipo" yo sonreía y lo miraba a los ojos. Después de tres meses rompimos, nos costaba mucho verlos y sólo responder con un simple "hola", así que después de casi un mes separados, quisimos volver, pero el se fue. Fue asignado a otra área por un tiempo indefinido, ninguno quiso mantener una relación así y al cabo de un tiempo me acostumbre. Hoy en día parece que las piezas se acomodan, decidimos empezar otra vez, esperando que ningún improviso nos separe, porque no sabemos que pueda pasar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)