viernes, 31 de julio de 2015

Estoy echa un desastre. Desde ayer no paro de estar ausente, doy vueltas al maldito beso. ¿¡Como es posible que ayer Andrés me haya besado!? Es algo imperdonable, se mire por donde se mire.
Tomó mi café que esta bastante frío. Hace un rato todos se han ido. Mis padres a trabajar y mis hermanos a lo último del curso. Yo estoy "disfrutando" de unas vacaciones.
Me inquieta demasiado no tener noticias de Alberto, no se si Martha ya le haya dicho lo que vio o esta esperando a que la agonía se alargue.
Estoy por desesperarme cuando tocan la puerta de mi casa.
-¿quién?- pregunto con desgana.
-Soy yo amor ¿me abres?
Las piernas me tiemblan al igual que mis labios, no se si abrir o inventar una estúpida excusa. Estoy pasandola mal. Muy mal.
Finalmente decido abrir.
-¡No te quiero volver a ver!- le gritó entrecortadamente, no puedo permitir que me vea llorar. Si ya lo odiaba ahora tengo muchísimas más razones para odiarlo. Pero no se rinde ante mi grito desconsolado lleno de rabia. Toma mi rostro entre sus manos y me empuja hacia atrás con el fin de entrar, cierra la puerta sin perder de vista mis ojos.
-No sabes lo que extrañaba escuchar tu melodiosa voz, nena- dice sarcasticamente. Evitó mirarlo a los ojos- extrañaba verte y probar tus labios- dice ya más cerca de mi. No puedo evitarlo, sin otro remedio aparente le doy una bofetada.
-Te equivocas- le digo poniéndome chula y engreída- te equivocas siendo cabron conmigo. Estas siendo cabron con la chica equivocada. Mira si en algún lugar alguna chica de cabeza hueca se perdió y desvivio por ti, no pienses que todas somos iguales ¿vale? Me importa demasiado Alberto como para dejarlo por ti, es más lo quiero, cosa que dudo sentir por ti, no se como te atreviste a besarme, pero si el fin de eso es que el y yo terminemos definitivamente no lo lograrás ¿me escuchas?.
Debido a que la piel de Andrés es un poco Blanca se le ha puesto rojo la mejilla derecha donde le puse la bofetada. El pone sus manos en la cintura y me mira de arriba a abajo, hace una mueca poniendo la lengua entre la parte interior del labio inferior y la encia del lado izquierdo. Se detiene fijamente en mis ojos y suelta una risa pícara, se da media vuelta pero no para marcharse, decide sentarse en un Banco viejo de madera. Apoya sus codos en sus rodillas y se frota la cara.
-Veo que la perspectiva que tienes de mi es que soy un cabron ¿no?- asiento con la cabeza cruzandome de brazos- bien, pues Alberto quien dice quererte se ha portado más cabron que yo y lo quieres, sencillamente no entiendo porque no te deberías enamorar de mi.
-Es fácil, sencillo. Si con Alberto he sufrido imagínate lo que pasaría contigo, tu eres un ojo alegre... eres una persona que me desespera...
-¿Y temes enamorarte de mi?
-No- respondo rotunda- no quiero complicar mi vida. Eso es todo.
Andrés se acaricia la barba de unos días y suspira.
-No me vale tu respuesta. Las cosas pasan por algo...
-Exacto... pasan por algo, pero tú las provocas.
-A veces no esta mal darle una ayudadita al destino, pero en fin- dice poniéndose de pie. Acercándose a mi. Lo tengo frente a mi-perdón, si es lo que quieres escuchar, perdón, pero no pienso darte la razón, esa relación no va a ninguna parte, los dos no se necesitan ni se aman. Es una pena.
Toma mis manos y sin que me lo espere me abraza pero no deja libres mis brazos. A pesar de que el sea delgado y no me lleve ni 10 cm de estatura no puedo moverme.
-Sueltame, dejame-digo tratando de forcejear con tal de librarme.
-Soy el amor de tu vida, nena y no sabes como me molesta eso- dice aparentando verdad. Sonríe como quien hubiera confesado una travesura tierna y me besa. No forzado, no engreído un beso dulce que no dura ni 10 segundos. Cuando se separa de mi mantiene esa sonrisa. Si esa sonrisa hubiese sido su carta de presentación tal vez no lo odiaria, pensaría que es otra persona, alguien del que me enamoraria perdidamente. Alguien dulce que no me costaría decir por mi orgullo lo guapísimo que es. Pero el Es un chulo. Un idiota, alguien a quien no puedo ni quiero besar. Simplemente el Es una estúpida apuesta que se pierde. Un dolor de cabeza. Alguien a quien odio y no puedo querer.

miércoles, 22 de julio de 2015

Estoy sentada en una banca frente a la presidencia municipal. He despertado temprano, Alberto me dijo que a Andrés y los demás policías que cambiaron de turno tomarían un descanso de una hora a partir de las 7:00 am para poder retomar el turno.
A pesar de ser verano, la mañana es muy fresca. Toda la noche ha llovido, así que la temperatura descendió un poco. Exactamente la temperatura es de siete grados centígrados, hay niebla aunque no este muy abajo.
Mi cabello largo y decolorado esta más lacio que de costumbre y eso que no lo he planchado, un poco despeinado oculto bajo un gorro que mantiene calientita mi cabeza. Llevo mis botas favoritas, unos jeans y un suéter que parece demasiado delgado aunque en realidad sea muy calientito.
Suena el reloj, sus campanadas anuncian que son las siete.
Salen varios policías y yo espero ver a Andrés. Cuando aparece lo miro fijamente, el sonríe y camina lento desbordando su chulería.
Llega hasta mi y sin pedir permiso se sienta, prácticamente me rodea con un brazo pero sin tocarme.
-Nena, si haz venido a buscarlo, pierdes tiempo, cambio de turno y ya se ha ido a casa, aunque claro estoy yo aquí- se desabrocha la chamarra y trata de ponerla sobre mis hombros. Yo me la quitó y se la entregó de nuevo- tapate o te enfermaras.
-No, ya basta de esto.
-¿de que?- pregunta girandose hacia mi.
-Me dijiste que no dirías nada de las rosas, ayer Alberto me llamó, me dijo que le contaste sobre ese regalo ¿que pretendes?- digo mientras giró mi cabeza para mirarlo, suspira, se recuesta en una esquina del banco y ríe.
-¿Tanto te preocupa? Mira nena ese tipo no es para ti, tu...
-¿Y tu si lo eres para mi?- digo molesta, el se encoge de hombros.
-Podríamos probar...
-Eres un idiota, Alberto significa mucho para mi y llegas tu y...
-¿y te enamoro?
-No, llegas y pones al revés todo, complicas todo... eres un maldito dolor de cabeza.
-Pero soy el dolor de cabeza que más te gusta ¿no?
-No seas- y sin que lo espere me besa, tomando mi cara entre sus manos.
-Trata de explicarle esto-susurra muy cerca de mi. Se levanta y me da un beso en la mejilla.
Yo estoy en shock, Martha me ve con un rostro sorprendido, ha visto todo y se que hablará con el, con Alberto. Sólo soy capaz de marcharme maldiciendo la decisión de verlo y de tratar de hablar con el.

lunes, 20 de julio de 2015

-Hola... perdona por llamar tan tarde... pero hay cambio de turno y...
-¿Y?- digo aún dormida, Alberto ha marcado siendo las dos de la madrugada- ¿te cambian?- digo más despierta.
-Si- suspira- No me iré pero...
-¿Pero que?
-No te podré ver... el turno es de 12 horas por 12 horas, hasta que se consiga quitar a los paramédicos nuevos, en cuanto a seguridad hay un revoltijo unos para un turno y unos para otro... por si... bueno esta así.

No se si la última información va con alguna intención de molestarme, pero trató de tomarlo con tranquilidad, Alberto me explica que el cambio sólo durará para ellos un mes, que se pasará rápido y tal.

-¿No se han secado las rosas?-dice tratando de contener el enojo.
-¿Rosas? ¿Que rosas...?- mi voz se apaga en cuanto se de que rosas habla.
Jamás las puse en un florero y las lleve a mi habitacion. Llegando a mi casa lo que hice fue tirarlas y olvidarme de ello, me dio un poco de pena, pero jure que no volvería a aceptar otro regalo de Andrés.
-Fue interesante enterarme de ello, miraba una foto en donde estábamos los dos, hace meses. De repente el llegó y suspiro, ya sabes mostrando su chulería y me dijo "jamás lograrás hacerla feliz" lo mire y tenía unas ganas de golpearlo pero el continuo "eres demasiado predecible, ella necesita a alguien que la sorprenda que desordene su vida, que la haga enojar y reír al mismo tiempo, así de fácil" traté de calmar todo y le dije "claro que bien la conoces" pero el sonrió y me dijo "si por eso hoy le regale unas preciosas rosas, seguro que la hizo reír y enojar, la tome desprevenida, te olvidas de ella" perdoname no me contuve y le Di un puñetazo...
-¿que hiciste... que?-digo atónita- no puedes meterte en problemas así por que si.
-¿Y el puede hacer lo que quiera?
-Ni siquiera conserve las rosas, están botadas en la basura.
-Ese tipo esta metiéndose en donde no lo llaman...
-El es así, lo sabes.
-No se como terminará esto y yo te juro que...
-Mañana hablaré con él- lo interrumpo- no lo quiero y no puede hacernos más daño, si ... queremos un oportunidad... debemos hacer todo lo posible para que se haga realidad... como antes.
-Esta bien... cariño descansa-dice aún cortante.
-Descansa.

Me levantó de la cama y camino nerviosa, el prometió que a nadie le diría lo de las rosas pero veo que no es así, tal vez el vio en mi mirada el miedo que eso suponía, que Alberto se enterara y esto se viniera abajo, no hay otro remedio, tengo que dejar las cosas claras con el.