Tomó mi café que esta bastante frío. Hace un rato todos se han ido. Mis padres a trabajar y mis hermanos a lo último del curso. Yo estoy "disfrutando" de unas vacaciones.
Me inquieta demasiado no tener noticias de Alberto, no se si Martha ya le haya dicho lo que vio o esta esperando a que la agonía se alargue.
Estoy por desesperarme cuando tocan la puerta de mi casa.
-¿quién?- pregunto con desgana.
-Soy yo amor ¿me abres?
Las piernas me tiemblan al igual que mis labios, no se si abrir o inventar una estúpida excusa. Estoy pasandola mal. Muy mal.
Finalmente decido abrir.
-¡No te quiero volver a ver!- le gritó entrecortadamente, no puedo permitir que me vea llorar. Si ya lo odiaba ahora tengo muchísimas más razones para odiarlo. Pero no se rinde ante mi grito desconsolado lleno de rabia. Toma mi rostro entre sus manos y me empuja hacia atrás con el fin de entrar, cierra la puerta sin perder de vista mis ojos.
-No sabes lo que extrañaba escuchar tu melodiosa voz, nena- dice sarcasticamente. Evitó mirarlo a los ojos- extrañaba verte y probar tus labios- dice ya más cerca de mi. No puedo evitarlo, sin otro remedio aparente le doy una bofetada.
-Te equivocas- le digo poniéndome chula y engreída- te equivocas siendo cabron conmigo. Estas siendo cabron con la chica equivocada. Mira si en algún lugar alguna chica de cabeza hueca se perdió y desvivio por ti, no pienses que todas somos iguales ¿vale? Me importa demasiado Alberto como para dejarlo por ti, es más lo quiero, cosa que dudo sentir por ti, no se como te atreviste a besarme, pero si el fin de eso es que el y yo terminemos definitivamente no lo lograrás ¿me escuchas?.
Debido a que la piel de Andrés es un poco Blanca se le ha puesto rojo la mejilla derecha donde le puse la bofetada. El pone sus manos en la cintura y me mira de arriba a abajo, hace una mueca poniendo la lengua entre la parte interior del labio inferior y la encia del lado izquierdo. Se detiene fijamente en mis ojos y suelta una risa pícara, se da media vuelta pero no para marcharse, decide sentarse en un Banco viejo de madera. Apoya sus codos en sus rodillas y se frota la cara.
-Veo que la perspectiva que tienes de mi es que soy un cabron ¿no?- asiento con la cabeza cruzandome de brazos- bien, pues Alberto quien dice quererte se ha portado más cabron que yo y lo quieres, sencillamente no entiendo porque no te deberías enamorar de mi.
-Es fácil, sencillo. Si con Alberto he sufrido imagínate lo que pasaría contigo, tu eres un ojo alegre... eres una persona que me desespera...
-¿Y temes enamorarte de mi?
-No- respondo rotunda- no quiero complicar mi vida. Eso es todo.
Andrés se acaricia la barba de unos días y suspira.
-No me vale tu respuesta. Las cosas pasan por algo...
-Exacto... pasan por algo, pero tú las provocas.
-A veces no esta mal darle una ayudadita al destino, pero en fin- dice poniéndose de pie. Acercándose a mi. Lo tengo frente a mi-perdón, si es lo que quieres escuchar, perdón, pero no pienso darte la razón, esa relación no va a ninguna parte, los dos no se necesitan ni se aman. Es una pena.
Toma mis manos y sin que me lo espere me abraza pero no deja libres mis brazos. A pesar de que el sea delgado y no me lleve ni 10 cm de estatura no puedo moverme.
-Sueltame, dejame-digo tratando de forcejear con tal de librarme.
-Soy el amor de tu vida, nena y no sabes como me molesta eso- dice aparentando verdad. Sonríe como quien hubiera confesado una travesura tierna y me besa. No forzado, no engreído un beso dulce que no dura ni 10 segundos. Cuando se separa de mi mantiene esa sonrisa. Si esa sonrisa hubiese sido su carta de presentación tal vez no lo odiaria, pensaría que es otra persona, alguien del que me enamoraria perdidamente. Alguien dulce que no me costaría decir por mi orgullo lo guapísimo que es. Pero el Es un chulo. Un idiota, alguien a quien no puedo ni quiero besar. Simplemente el Es una estúpida apuesta que se pierde. Un dolor de cabeza. Alguien a quien odio y no puedo querer.
-Te equivocas- le digo poniéndome chula y engreída- te equivocas siendo cabron conmigo. Estas siendo cabron con la chica equivocada. Mira si en algún lugar alguna chica de cabeza hueca se perdió y desvivio por ti, no pienses que todas somos iguales ¿vale? Me importa demasiado Alberto como para dejarlo por ti, es más lo quiero, cosa que dudo sentir por ti, no se como te atreviste a besarme, pero si el fin de eso es que el y yo terminemos definitivamente no lo lograrás ¿me escuchas?.
Debido a que la piel de Andrés es un poco Blanca se le ha puesto rojo la mejilla derecha donde le puse la bofetada. El pone sus manos en la cintura y me mira de arriba a abajo, hace una mueca poniendo la lengua entre la parte interior del labio inferior y la encia del lado izquierdo. Se detiene fijamente en mis ojos y suelta una risa pícara, se da media vuelta pero no para marcharse, decide sentarse en un Banco viejo de madera. Apoya sus codos en sus rodillas y se frota la cara.
-Veo que la perspectiva que tienes de mi es que soy un cabron ¿no?- asiento con la cabeza cruzandome de brazos- bien, pues Alberto quien dice quererte se ha portado más cabron que yo y lo quieres, sencillamente no entiendo porque no te deberías enamorar de mi.
-Es fácil, sencillo. Si con Alberto he sufrido imagínate lo que pasaría contigo, tu eres un ojo alegre... eres una persona que me desespera...
-¿Y temes enamorarte de mi?
-No- respondo rotunda- no quiero complicar mi vida. Eso es todo.
Andrés se acaricia la barba de unos días y suspira.
-No me vale tu respuesta. Las cosas pasan por algo...
-Exacto... pasan por algo, pero tú las provocas.
-A veces no esta mal darle una ayudadita al destino, pero en fin- dice poniéndose de pie. Acercándose a mi. Lo tengo frente a mi-perdón, si es lo que quieres escuchar, perdón, pero no pienso darte la razón, esa relación no va a ninguna parte, los dos no se necesitan ni se aman. Es una pena.
Toma mis manos y sin que me lo espere me abraza pero no deja libres mis brazos. A pesar de que el sea delgado y no me lleve ni 10 cm de estatura no puedo moverme.
-Sueltame, dejame-digo tratando de forcejear con tal de librarme.
-Soy el amor de tu vida, nena y no sabes como me molesta eso- dice aparentando verdad. Sonríe como quien hubiera confesado una travesura tierna y me besa. No forzado, no engreído un beso dulce que no dura ni 10 segundos. Cuando se separa de mi mantiene esa sonrisa. Si esa sonrisa hubiese sido su carta de presentación tal vez no lo odiaria, pensaría que es otra persona, alguien del que me enamoraria perdidamente. Alguien dulce que no me costaría decir por mi orgullo lo guapísimo que es. Pero el Es un chulo. Un idiota, alguien a quien no puedo ni quiero besar. Simplemente el Es una estúpida apuesta que se pierde. Un dolor de cabeza. Alguien a quien odio y no puedo querer.
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