lunes, 3 de agosto de 2015

Estaba tan harta, cansada y confundida por todo. No he visto desde hace una semana a Alberto y mucho menos a Andrés. Camino sin un rumbo fijo por más de un kilómetro. De ratos corro o troto, tal vez el ejercicio me despeje un poco. Cuando llegó al deportivo comienzo a caminar sobre la pista de atletismo. No tengo ni idea de cuantas vueltas doy y sólo paro hasta que me siento agotada. Me siento en el pasto verde y respiro. Quisiera tomar agua pero no he traído nada de dinero. Escucho un trueno. ¡Diablos! Comenzará a llover dentro de poco, muchas de las personas comienzan a recoger sus cosas y a cambiarse a toda prisa para irse a su casa. Con desgana me levanto. Este día no va bien, sin dinero y sin una sudadera con la que taparse. Tendré que caminar y para cuando halla llegado a casa estaré muy empapada. Justo al salir del deportivo la lluvia llega. Demasido dura y fría, tanto así que cuando terminó de cruzar la avenida estoy más que empapada. Me quitó el agua de mi cara y me dispongo a correr hasta la otra esquina. Cuando llegó ahí ya se ha formado un gran charco de agua tanto en la avenida como en la calle que conecta con esta. Decido saltar para pisar lo menos posible en el charco, pero justo antes un auto con demasiada velocidad hace salpicar el agua y me moja más la espalda. Cruzó finalmente y el auto que me ha mojado se ha detenido, justo cuando pasó Andrés me dice:
-Perdóname, supongo que después del ejercicio querías refrescarte.
Pero no le hago caso. Sigo derecho sin mirarlo. No se rinde conduce despacio casi a mi ritmo.
-Oye sube o terminarás resfriada-sonríe descaradamente.
-No pienso subir... mil veces enferma que compartiendo auto-  le espetó.
-Bueno la otra vez compartiste  auto conmigo- Dice entre risas- ¿subes? Mira que si no busco a otra chica a la salvar- Dice con voz fingidamente apenada.
-Haz lo que quieras, por mi casate.
Es entonces cuando el agua golpea con más fuerza. Jamás llegaré a casa así, me enfada esto pero sin pararme ni un segundo subo a la patrulla.
-Espera... espera- Dice poniendo su chaqueta sobre mis hombros, esta vez no me rehusó necesito un poco de calor- ay nena- aparta los mechones mojados de mi rostro- vamos te dejo en casa.
Y conduce lento. No se si por la lluvia o por querer desesperarme. No me mira sólo se centra en el camino. Decido ponerme bien su chaqueta metiendo mis brazos en las mangas. El sonríe ante eso. El trayecto normal de quince minutos se vuelve de cuarenta y cinco. Se detiene en la entrada de mi casa.
-Gracias- digo muy despacito.
-Cuando gustes nena- acaricia mi mejilla y en un impulso salgo del auto no sin antes escuchar como ríe. Saco las llaves del bolso de mi pantalón y abro la casa. Aún sigue ahí y justo cuando empiezo a cerrar la puerta, arranca. Me percató que su chaqueta del uniforme la traigo puesta y abro la puerta pero el ya de ha ido. Intento que me vea haciendo señas con los brazos, pero nada. El sigue. Finalmente entró a casa y subo a mi habitación. Me siento en el borde de la cama y sin querer huelo su chaqueta. Buen perfume. Un perfume con un recuerdo amargo y una culpabilidad nada dulce.

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