Te refugias pero no con esa intención, es decir sabes que no lo encontrarás porque ya fue suficiente de tantos encuentros casuales que ni al caso. Pero no. El destino te acostumbra a no verlo unas dos o tres semanas y cuando crees que fluye el aparece y eso es muy incómodo.
-Buenas tardes, vengo a realizar un pago- digo sin tantas ganas.
-Buenas tardes ¿que pago?- me dice con un poco de cansancio.
-Ah... pago de agua- digo acomodando los baucher que antes me han dado.
-Oye ya quedó, espero y me des un buen dinero- dice alguien a mi espalda, lo escucho acercarse, se coloca a mi lado y de reojo veo que voltea y me pone una extraña atención- Buenas tardes- dice sin dejar de mi mirarme.
-Buenas tardes- digo muy bajo, esta resultandome incómodo que no deje de mirarme y que este tan cerca de mi, prácticamente nuestros codos rozan, así que decido pegar un poco más a mi cuerpo mis codos.
-Bien aquí está, regresa y que te sellen y eso sería todo- me entrega los bauchers- Oye quítate no la dejas acomodar los papeles- le dice a Andrés, este sólo se medio mueve y ríe sin dejar de mirarme.
Salgo como puedo muy sonrojada y no de vergüenza, más bien de coraje. Me sellan los bauchers y bajo los escaleras, en cuanto piso la banqueta de la calle, me siento aliviada, huyó hacia mi casa. No debería estar ahí. No es su área de trabajo y ¿porque apareció en el momento en que yo estaba ahi? Ah, ahora da lo mismo ha pasado y no quiero que vuelva a pasar.
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