viernes, 29 de mayo de 2015

Hay emociones que surgen repentinamente y otras que simplemente estaban guardadas y han salido para despistarte.
No lo supe hasta hoy, o tal vez si pero traté de converserme a mi misma de que era costumbre. Como si la costumbre te hiciera suspirar.
-¡Hey! Deja Deja de pensar en mi- Alberto me distrae de mis pensamientos ofreciendome una taza de café frío.
-Perdona, pero debo de pensar en ti- pero no lo miro a los ojos me centro en la taza y le doy un sorbo que hace que mi cerebro pida piedad, esta muy frío.
-Es algo mutuo, y pensar que hace unas semanas estábamos por dejar todo- sonrió con amargura.
Es verdad pensábamos en dejarlo todo, pero después de mucho, mi tediosa actitud lo extrañaba. Cada vez que nos veíamos (obviamente un poco más seguido gracias al destino) era como tener muy cerca de ti lo que más deseas pero sabiendo que no es tuyo completamente. Varias veces venía a dejar flores a mi casa y varias veces iba a verlo a las oficinas. Ahí me tocaba ver a Andrés que de cierto modo me ayudó a canalizar mis emociones. Me enfadaba muchísimo su actitud, pero luego de un tiempo esperando me reía, porque recapitulaba lo tonto que se comportaba, cuando llegaba Alberto de una u otra forma ya está relajada y era más fácil hablar. Tiene casi un mes que no veo a Andrés y no es que me inquiete pero me da curiosidad saber que ha sido de el, aunque jamás se lo preguntaría a Alberto.
-Ya me voy, tengo que hacer guardia- me dice al oído después me da un beso en la sien.
-Cuidate-le digo sintiendo un poco de culpa.
-Claro- y se despide de una sonrisa.
Tarde o temprano el sabrá y se dará cuenta, que hay niveles de curiosidad que tocan una línea muy peligrosa y que no se como explicarle lo que ahora pasa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario