-Te meteras en problemas- digo mirándolo a la cara, hablando casi como un susurro.
-No creo, salí a comer- me dice guiñandome un ojo - es reconfortante estar aquí, otra vez- deja a un lado su cubierto y me toma de la mano- el sábado estaba nervioso, pensé que te vería el viernes pero no pasaste por el centro, entonces me invitaron a jugar, pedí permiso y supe irremediablemente que te vería, jamás faltas a un partido- me sonríe tan tiernamente.
-Yo... no esperaba verte, han pasado 5, 6 casi... meses y creí que te habían asignado otra área... no sabía nada.
Alberto es paramedico, algo que por lo que me contó siempre le había apasionado. Con tan sólo 22 años ya había encontrado un buen trabajo, llevaba cerca de un año aquí en el municipio como parte de la brigada de protección Civil y obviamente atendía Emergencias. Recuerdo que hace un año cuando apenas comenzaba, se hizo cargo de la lesión de uno de mis hermanos. Tenía una gran voz de mando y movilizó a quien fue necesario para atender lo más rápido a mi hermano. Por ese entonces aún no salíamos, pero varias veces fui a verlo para darle las gracias, el me sonría y repetía constantemente que no hacía falta tanta gratitud. A los 2 meses de aquello comenzamos a salir. Cada vez que le tocaba estar en turno para Deportes, me sonreía y decía "tranquila atendere rápidamente a cualquiera, no quiero que te quedes sin equipo" yo sonreía y lo miraba a los ojos. Después de tres meses rompimos, nos costaba mucho verlos y sólo responder con un simple "hola", así que después de casi un mes separados, quisimos volver, pero el se fue. Fue asignado a otra área por un tiempo indefinido, ninguno quiso mantener una relación así y al cabo de un tiempo me acostumbre. Hoy en día parece que las piezas se acomodan, decidimos empezar otra vez, esperando que ningún improviso nos separe, porque no sabemos que pueda pasar.
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