-Que bonita imagen- dice alguien a mi derecha. Es Andrés tan chulo como siempre.
Martha la compañera de Alberto trata de deshacer el abrazo y en cierta parte... el beso.
Cuando he llegado la primer imagen fue la cara desencajada de Martha al recibir un beso en los labios de parte de Alberto y más porque yo los veía.
Ella le da un toque en el hombro y señala con la cabeza hacia mi dirección, Alberto la suelta y se voltea, respira hondo. Me siento como una estúpida, sólo lo veo y me dispongo a irme. Joder. Andrés intenta detenerme discretamente, pero yo lo apartó. Me voy a casa, pero eso sí tomó una desviación.
A pesar de que he camino más de lo normal para llegar a casa, me siento agradecida por traer llaves de la puerta trasera, tal vez Alberto este esperando en la puerta principal.
-Ha venido tu novio pero le he dicho que estabas de fiesta- dice mi abuela cuando nos encontramos en la cocina.
-¿Ah si? Ya iré al rato a verlo-le digo restandole importancia.
Subo a mi habitación me cambió de ropa, iré a caminar y tal vez practicar unos tiros a una portería.
Una vez cambiada me derrumbó en mi cama, logrando dormir una siesta de 30 minutos. Bajo las escaleras compruebo que no hay nadie en la puerta y me despido de mi abuela. Al llegar al deportivo comienzo a patear el balón de una forma desquiciada, la mayoría de tiros ni a portería van, pero es un buen desahogo. Cansada después de una hora me siento ahí, en medio de la nada mientras bebo agua, me acuesto pongo mis brazos a la altura de mis ojos para evitar que el sol pegue directo y respiro Amando al silencio.
-Vete, no quiero hablar- digo cuando mi paz se ve interrumpida, al fin Alberto me ha encontrado, acaricia mi cabello suavemente, ni siquiera lo miro- no quiero hablar, por favor vete Alberto.
-Te equivocas cariño- me dice cerca de mi oído. Pero no, no es Alberto el que esta de cunclillas viendome con una sonrisa. Me incorporó rápidamente.
-Pues si eres tu con mayor razón vete.
El sólo sonríe.
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