martes, 28 de abril de 2015

Calmate.
Me ordene a mi misma mientras caminaba, en esta ocasión verlo sólo me haría odiar. Necesitaba urgentemente llegar al partido.
Baje, subí recorrí dos pasillos caminando lo más rápido posible, pero justo antes de llegar estaba el, recargado en una moto negra, ahora con su uniforme ya no de vigilante, un uniforme negro de policia, aunque sinceramente no creía que fuera la opción más acertada. Tome aire y con paso más calmado pase justo delante de el. Sí me miro no supe y no tenía tiempo de ponerme nerviosa, porque estaba segura de que lo que me esperará en aquella cancha abriría brechas.
Al llegar vi una sonrisa, de las más tiernas del mundo y supe que nunca había sentido tanta añoranza por alguien que tenía cerca. Me guiño un ojo.
Así pasaron los 90 minutos de un partido que no disfruté, que quedó vacío.
Se dirigió seguro de si mismo, sin llegar a ser chulo, con una preciosa sonrisa.
-Hola...- dejó el saludo al aire.
-Ho...hola-le dije.
Vaya que 7 meses son una eternidad.

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